Era una rumba como tantas, simplemente una rumba normal, que de un momento para otro se tornó algo inusual. En principio se organizó para rendirle tributo a mi raison d etré, pero el "parche" de los personajes presentes hizo que fuera diferente.
La música, el licor y el baile hicieron su entrada triunfal y no se hicieron esperar, invadiendo a los visitantes, envolviéndolos con su olor e incitándolos a lo prohibido, a lo restringido, a lo indebido, sacando nuestros instintos mas bajos y toda nuestra naturaleza animal, llevando a unos a cometer actos como un rastrilleo durante el baile del perreo con las feminas presentes, a otros a entrepiernarse en asientos con feminas mientras se las "basilaban" y finalmente a otros que cruzaban la linea entre la cordura y la locura, viajando en su irreal universo mental, trabándose, aspirando, metiendo, diciendo frases inconexas y sin sentido, todo aquello gracias a un misterioso y volátil líquido que se emplea en la limpieza de computadoras ¡Maldito Popper!
De un momento a otro, aparecia un curioso personaje de cuentos infantiles que todos conocemos, si, era la chiquilla que le llevaba dulces a su abuelita enferma. Ella llegó a nuestra fiesta, con una mirada inocente, luciendo unas largas pestañas rojas en sus ojos, portando una capa de igual color, llevaba puestos unos curiosos zapatos y tanto en sus uñas como en su camiseta se notaba la salpicada sangre del lobo disfrazado de su abuelita recien asesinado. Momentos después, ella también se unió a nuestro festival pagano, danzando, moviéndose al unísono con la música y llenando su garganta con el divino elixir de Etanol.
A medida que la rumba progresaba, mas y mas personajes extraños llegaban, fue tal mi asombro al ver que una de las Sailor Socuts -Sailor Mars- llegaba acompañada de una linda vaquera del oeste, que por cierto, estaba bastante interesante. Lindos disfraces.
Disfraces, si, ellas tres llevaban disfraces, sin embargo no fui ajeno a la situación y me pinté la cara, me hice ojeras y tras verme al espejo, me dije (y me dijeron): parezco un Zombie, un loco, un desechable, Gaara del desierto de la serie "Naruto", un muerto, un Emo (decian los trabados viajantes que me observan). En fin, ni yo mismo sabía de que diablos estaba "disfrazado".
A decir verdad, me bailé a Sailor Mars, a la vaquera, a la caperucita asesina y a otras feminas,
solo me faltó una chica, que se movía como serpiente coral mientras perreaba.
¿Cómo será esa culebra ejerciendo la vida horizontal?
Mucho tiempo después ya no importaría la música que estaba sonando, ni la escasez o la abundancia del elixir etanólico, o la presencia o ausencia de los asistentes del bacanal(puesto que al final quedó el reconocido "parche antena" -mas manes que viejas-),simplemente los presentes estabamos locos, lo que se conoce como "estar prendo", reflejando una mirada perdida, llenos de sueño, de cansancio, de dolor en el cuerpo y otros, llenos de deseos de tirar en esa noche casi madrugada y "descargarla toda" con sus feminas.
La adrenalina que al principio me incitó al baile y al desafuero, ahora me doblegaba y me invitaba a visitar al Dios Morfeo. Tal fue mi sorpresa al ver que dos lindas feminas estaban en aquel lecho en donde descansé por un par de horas. Lo que mas me encantó fue que mientras dormía (aparte de aspirar los podridos ácaros y sus purulentas partículas de caspa) pude percibir en mi nariz el olor del pelo de una de ellas, ya que su Shampoo le imprimía un toque delicioso a su cabello, simplemente irresistible. ¡Jamás me había gustado tanto oler el aroma de las mechas de una chica! La dueña de ese cabello, se llama Elizabeth.
La música, el licor y el baile hicieron su entrada triunfal y no se hicieron esperar, invadiendo a los visitantes, envolviéndolos con su olor e incitándolos a lo prohibido, a lo restringido, a lo indebido, sacando nuestros instintos mas bajos y toda nuestra naturaleza animal, llevando a unos a cometer actos como un rastrilleo durante el baile del perreo con las feminas presentes, a otros a entrepiernarse en asientos con feminas mientras se las "basilaban" y finalmente a otros que cruzaban la linea entre la cordura y la locura, viajando en su irreal universo mental, trabándose, aspirando, metiendo, diciendo frases inconexas y sin sentido, todo aquello gracias a un misterioso y volátil líquido que se emplea en la limpieza de computadoras ¡Maldito Popper!
De un momento a otro, aparecia un curioso personaje de cuentos infantiles que todos conocemos, si, era la chiquilla que le llevaba dulces a su abuelita enferma. Ella llegó a nuestra fiesta, con una mirada inocente, luciendo unas largas pestañas rojas en sus ojos, portando una capa de igual color, llevaba puestos unos curiosos zapatos y tanto en sus uñas como en su camiseta se notaba la salpicada sangre del lobo disfrazado de su abuelita recien asesinado. Momentos después, ella también se unió a nuestro festival pagano, danzando, moviéndose al unísono con la música y llenando su garganta con el divino elixir de Etanol.
A medida que la rumba progresaba, mas y mas personajes extraños llegaban, fue tal mi asombro al ver que una de las Sailor Socuts -Sailor Mars- llegaba acompañada de una linda vaquera del oeste, que por cierto, estaba bastante interesante. Lindos disfraces.
Disfraces, si, ellas tres llevaban disfraces, sin embargo no fui ajeno a la situación y me pinté la cara, me hice ojeras y tras verme al espejo, me dije (y me dijeron): parezco un Zombie, un loco, un desechable, Gaara del desierto de la serie "Naruto", un muerto, un Emo (decian los trabados viajantes que me observan). En fin, ni yo mismo sabía de que diablos estaba "disfrazado".
A decir verdad, me bailé a Sailor Mars, a la vaquera, a la caperucita asesina y a otras feminas,
solo me faltó una chica, que se movía como serpiente coral mientras perreaba.
¿Cómo será esa culebra ejerciendo la vida horizontal?
Mucho tiempo después ya no importaría la música que estaba sonando, ni la escasez o la abundancia del elixir etanólico, o la presencia o ausencia de los asistentes del bacanal(puesto que al final quedó el reconocido "parche antena" -mas manes que viejas-),simplemente los presentes estabamos locos, lo que se conoce como "estar prendo", reflejando una mirada perdida, llenos de sueño, de cansancio, de dolor en el cuerpo y otros, llenos de deseos de tirar en esa noche casi madrugada y "descargarla toda" con sus feminas.
La adrenalina que al principio me incitó al baile y al desafuero, ahora me doblegaba y me invitaba a visitar al Dios Morfeo. Tal fue mi sorpresa al ver que dos lindas feminas estaban en aquel lecho en donde descansé por un par de horas. Lo que mas me encantó fue que mientras dormía (aparte de aspirar los podridos ácaros y sus purulentas partículas de caspa) pude percibir en mi nariz el olor del pelo de una de ellas, ya que su Shampoo le imprimía un toque delicioso a su cabello, simplemente irresistible. ¡Jamás me había gustado tanto oler el aroma de las mechas de una chica! La dueña de ese cabello, se llama Elizabeth.























